Hay momentos en los que sabemos perfectamente que algo nos está pasando, pero no sabemos qué hacer con ello. Nos enfadamos más de lo que queríamos, lloramos sin entender por qué, nos bloqueamos, nos aislamos o seguimos adelante como si nada mientras por dentro estamos agotadas.
Y entonces aparece una pregunta: "¿Por qué no sé gestionar lo que siento?"
La gestión emocional no consiste en dejar de sentir ni en controlar cada emoción para que desaparezca. Consiste en aprender a reconocer lo que ocurre dentro de ti, comprender qué puede estar señalando y encontrar una respuesta más consciente que la reacción automática.
Muchas veces no nos enseñaron a escuchar nuestras emociones. Aprendimos a callar, aguantar, complacer, resolver o seguir funcionando. Con el tiempo, esa forma de sobrevivir puede parecer nuestra personalidad, cuando quizá es una respuesta que aprendimos.
Sentir no es el problema
Una emoción no es una orden ni una sentencia. Es información.
El miedo puede avisarte de que necesitas seguridad. La rabia puede señalar un límite vulnerado. La tristeza puede aparecer ante una pérdida o un cambio. La ansiedad puede acompañar momentos de incertidumbre o sobrecarga.
El objetivo no es justificar cualquier reacción, sino aprender a distinguir entre lo que siento, lo que pienso sobre lo que siento y lo que finalmente decido hacer.
Ahí aparece un espacio muy importante: el espacio entre la emoción y la respuesta.
Cuando vivir en modo reacción se vuelve habitual
Si durante mucho tiempo has tenido que estar pendiente de lo que ocurre alrededor, es posible que tu sistema de respuesta se haya acostumbrado a anticiparse. Puedes reaccionar antes de comprender, interpretar una situación como amenaza o tener dificultades para bajar la guardia.
No significa que estés rota. Significa que hay una forma de funcionar que merece ser comprendida.
Preguntarte "¿qué me está pasando?" antes de preguntarte "¿cómo hago para que esto desaparezca?" puede cambiar mucho la relación contigo misma.
Un primer ejercicio de claridad
La próxima vez que una emoción sea intensa, prueba a escribir cuatro cosas:
- ¿Qué ha ocurrido?
- ¿Qué estoy sintiendo exactamente?
- ¿Qué necesito en este momento?
- ¿Qué respuesta me acerca a la persona que quiero ser?
No necesitas resolver toda tu vida en cinco minutos. El objetivo es empezar a observarte sin juzgarte.
De reaccionar a elegir
Gestionar emocionalmente no significa convertirte en una persona fría o imperturbable. Significa poder sentir sin que cada emoción decida por ti.
No se trata de dejar de sentir. Se trata de aprender a escucharte para poder responder de una manera más coherente contigo.